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2006/6/20 Este adiós no maquilla un hasta luegoTenía que llegar y quizá este sea un buen momento. Después de seis meses me faltan fuerzas para continuar. Empecé, como ya expliqué, imitando a mi amigo Roger y casi sin quererlo esto comenzó a tener forma, contenidos y según las estadísticas de Msn Spaces más de 5000 visitas, muchas más que las que mi talento (si es que tengo de eso) merecen.
Primero pensé en escribir de política, pero luego abandoné la idea. La política de este solar nuestro cuasi desmembrado se ha convertido para desgracia de todos en un inmenso lodazal en el que el clientelismo, la ignorancia, la simpleza y la partitocracia reinan con descaro, así que preferí escribir de otras cosas de mucha menos sustancia. Me conformo con haber descubierto algo a alguien y sobre todo con haberle arrancado una sonrisa a quien lo necesitara con alguna frivolidad o extravagancia a las que a veces soy tan dado. En algunas ocasiones, y para sorpresa mía, he hecho alguna confesión a la que no estoy acostumbrado (soy de natural hermético). Y no sé muy bien por qué lo he hecho.
Odio el verano, así con todas las letras. Y para colmo de males tendré que pasarlo estudiando con el único objetivo de presentarme a un examen que ya tengo suspendido. Así que entre la falta de ganas, las obligaciones y el calor he decidido entonar la laudatio funebris de este vuestro blog, pues vuestro es. (Un blog no tiene sentido si otros no lo leen.)
Gracias a todos por vuestra presencia, que no merezco, por haber pasado por aquí, por haberme leído y comentado. Resulta curioso cómo se pueden llegar a tejer "relaciones" con gente a la que ni conoces ni conocerás por la simple razón que pertenecer a esta comunidad a la que hemos venido en denominar el bloguerío. Algún día psicólogos y sociólogos harán sesudas tesis doctorales sobre el asunto.
Como escribiera Walt Whitman (y Dios me perdone la comparación) lo que habéis leido no era un blog (no era un libro de versos lo que tenías entre vuestras manos). Lo que habéis visto, en alguna ocasión en este blog, no es más ni menos que a un hombre temblar.
Gracias y hasta siempre.
Vuestro, IGNATIUS 2006/6/13 El poeta es un fingidor A la Lucecita que ilumina mi buzón con sus mails.
Voy a pasar la noche a Sintra porque no puedo pasarla en Lisboa,
pero, cuando llegue a Sintra, me dará pena no haberme quedado en Lisboa.
Siempre esta inquietud sin resolución, sin nexo, sin consecuencia,
siempre, siempre, siempre,
esta angustia excesiva del espíritu por nada,
en la carretera de Sintra, o en la carretera del sueño, o en la carretera de la vida.
Tomado de Escrito en un libro abandonado en un viaje, de Fernando Pessoa. 2006/6/5 Fíate de la Virgen y no corras.Como he decidido que estudiar me aburre paso las tardes oyendo gemir los huracanes y leyendo libros de Historia.
Y he descubierto algo que me sorprende: la cantidad de reyes españoles que enviudaron varias veces. Sí, sé que este es un dato ridículo y sin ninguna significación política, pero a mi me llamó la atención. El caso es que salvo excepciones, la mayoría de los monarcas casaron dos o tres veces. Felipe II lo hizo cuatro veces. Su padre, Carlos I, solo pasó una vez por el altar pero es fácil de entender. Su esposa, Isabel de Portugal era tan guapa y virtuosa que era imposible buscarle sustituta. Si no lo creéis pegaos un vuelta por la sala de los cuadros de Tiziano, en el Museo del Prado. Hay algún retrato suyo: rubia, altiva y elegantísima. Simplemente arrebatadora.
Aunque sería más apasionante pensar que las reinas morían envenadas, víctimas de conspiraciones palaciegas, la explicación es sin embargo más triste y prosaica. Morían de parto. Y tan es así que en la Corte española se puso como costumbre que las reinas testasen antes de enfrentarse a los dolores del parto.
Angustiados por tal mortalidad, se recurrió al remedio habitual en situaciones de desesperación. Clamaron a lo Alto. Y así en tiempos de doña Margarita de Austria, se decidió llevar el báculo de Santo Domingo de Silos a la cámara real. En los primeros partos Santo Domingo estuvo a la altura pero al final la desdichada Margarita murió de una infección puerperal a los 27 años.
A pesar de todo la costumbre de las reliquias se mantuvo. E incluso se multiplicó. En uno de los partos de Mariana de Austria, esposa del pasmado rey Felipe IV se llenó la alcoba de objetos sagrados. Según cuentan las crónicas, los siguientes (y no es coña): el báculo de Santo Domingo (que parece que era proverbial), el cinto de San Juan de Ortega, tres espinas de la Corona de Cristo, un clavo de la cruz de Cristo, un diente de San Pedro, un trozo del manto de la Magdalena, una pluma del ala del arcángel San Grabiel...
Ni que decir tiene que las reinas siguieron palmando sin remedio en alumbramientos dolorosos a los que acudían todos los santos del Cielo.
Pregunto a mi Madre: ¿Llevaste alguna reliquia a mi parto?. "No" me contesta algo contrariada. "Pero pocos meses después te subimos a la Virgen" apunta con la satisfacción maternal del deber cumplido. Porque sí, señores míos, en Cáceres, esta ciudad algo delirante en la que vivo, existe la costumbre, observada con rectitud, de llevar a los neonatos al Santuario de la Virgen de la Montaña, patrona secular del lugar.
"Ah bueno, si me subisteis a la Virgen..." respondo yo escéptico. 2006/5/29 Tristezas arrastradasSi tuviera que escoger un don sería la mala memoria. Si me encontrara con el Genio de la Lámpara, con un marciano verde de Gamínedes o con San Judas Tadeo le pediría que me olvidara de las cosas. Así, sin más. A veces piensas y te das cuentas que tienes el historial plagado de tachaduras y borrones. Y es casi inevitable porque en general somos incapaces de aprender de los errores ajenos: tenemos que escarmentar en nuestra propia cabeza. Y luego están los miedos, innatos, aprendidos o adquiridos. Un miedo puede anular una vida, ahogarte sin remedio. Y entre miedos, derrotas, frustaciones y tristezas vitales seguir respirando es como matar dinosaurios con tirachinas: un imposible.
Hay mañanas que la realidad me aplasta contra la mesa en la que desayuno. 2006/5/18 A mi soledades voy, de mis soledades vengo.A veces me gusta estar solo. Qué le voy a hacer. No sé si será una más de las rarezas que me adornan, pero es así. Estar solo. Si dices a tu madre que te apetece estar solo, te preguntará: ¿Hijo, es que no tienes amigos? Si se lo dices a tu padre, tardará minuto y medio en ir a donde tu madre esté para decirle en tono menor: ¡Qué raro nos ha salido el niño! No hablemos de dar un paseo solo. En una ciudad como Cáceres (90.000 habitantes que se conocen en más o en menos, constituyendo un gigantesco Gran Hermano) dar un paseo solo es simplemente una hazaña. No tardarás ni diez minutos en encontrarte con un conocido, una vecina, la tía Manolita o una compañera de trabajo de tu madre, que después de saludarte te preguntará inevitablemente: ¿Dónde vas? A lo que tú, a regañadientes, respondes: A dar un paseo. ¿Tú solo? Sí, coño, sí yo solo.
La soledad hay que tomarla en pequeños sorbos. Y no quiero que interpretéis esto como un gesto de soberbia o de autosuficiencia. Me gusta estar con la gente. Pero a veces quiero estar solo. Dice el escritor Andrés Trapiello que existe una cosa llamada soledad consciente. En efecto, un estado en el que uno piensa, observa las cosas, encuentra matiz. En definitiva y recurriendo a un concepto místico: contempla. Y en esta contemplación aprendes y maduras. Te conoces, te mides y creces. Pero creces hacia dentro, que es el único lugar hacia el que se puede crecer llegada cierta edad. Y todo ello porque como decía el gran Miguel Hernández: "Yo sólo soy yo cuando estoy solo." 2006/5/15 La tumba del amorPartamos de la hipótesis de que tenemos pareja. Más temprano que tarde se puede plantear: ¿Qué hago con ella? ¿Me caso?¿Me inscribo en el registro de parejas de hecho? ¿Apadrinamos a una niño de Mozambique de esos que te mandan un dibujito por Navidad para felicitarte las pascuas?
Muchas de nuestras diatribas y dilemas, por modernas que nos puedan parecer, son tan añejas como la humanidad misma. En Vida y opiniones de los mas ilustres filósofos de Diógenes Laercio, un libro delicioso (donde uno encuentra decenas de anécdotas que contar y así pasar como un chico leído ante el ilustrado bloguerío) se cuenta que algunos discípulos inquirían a Sócrates sobre si debían casarse. A ello el maestro repondía: "Hagas lo que hagas, te equivocarás. De todos modos cásate pues si tu matrimonio funciona serás feliz. Y si no, serás filósofo."
Qué tipos más listos estos griegos... 2006/5/6 Regla para buscar pareja. "Ni por toda la hermosura,
yo jamás me perderé
sino por un no sé qué
que se encuentra por ventura"
San Juan de la Cruz
Místico, reformador de la Orden del Carmelo
y poeta español del siglo XVI |
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